lunes, 6 de marzo de 2017

EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS


Se hizo de noche… por la ventana se ven los puntitos brillantes de las estrellas tachonando el cielo. En esta parte del mundo todavía las estrellas se cuentan por millones. El alumbrado público es apenas un foquito ermitaño pendiendo de un poste. Entonces las estrellas se asoman al cielo con todo su brillo, y vuelven verídica la versión de mi abuelo, que de niña me contaba que las estrellas son la luz del sol que se filtra por los agujeritos de la manta negra con la que se tapa de noche…
¿Qué tendrá que ver, digo yo, un foquito ermitaño, el cuento fantasioso de un abuelo y el desarrollo mentiroso de una empresa insensible?
Pero, los “cuentos de viejos” bostezan la magia de un mundo más blando, más juguetón y menos acartonado por una Ciencia que no sabe reírse. Cada vez que recuerdo la explicación de mi abuelo para las estrellas, se me estremece el alma de pensar en cómo se podía percibir el mundo antes de que doña Ciencia venga a patearnos la imaginación con sus revelaciones científicas. Porque, en esa blandura para sentir el Mundo se encuentra el lugar exacto en que cabe el alma humana en toda su dimensión trascendente…
El concepto de progreso que tenemos lo mimetizamos con el de desarrollo… para progresar hay que desarrollar la economía… dar mayor desarrollo a las industrias… pero hay algunas cosas que se nos escapan en todo esto…
El “desarrollo continuado” que preveía a principios de la década del ’70 una empresa para sí misma en Misiones, se consolidó gracias al despojo, el saqueo, la devastación y el robo de proyectos, perspectivas de vida y de genuino desarrollo para la localidad de Garuhapé-mi y para las familias Mby’a Guaraní que terminaron constituyendo la Comunidad Takuapí. Y pasaron de ser dueños ancestrales de 70.000 has. de monte nativo, a ser mendigos dentro de 15 has. desnudas y prestadas…
¿No sabe muy bien todo esto, no? Es como un trago amargo, casi insoportable de pasar… es que nuestra querida niña Modernidad tiene un rostro encantador cuando la iluminamos con una bombita eléctrica, pero un baño de luz de Luna la despoja de todo su artificio y nos damos con su cara más horrorosa…
Y pienso, por ejemplo, en la historia del despojo de Hilario y su gente, mientras mi hermano y yo jugábamos alegremente sobre los troncos de los árboles que habían sido su “casa”… troncos gigantes en el planchón del aserradero en que trabajaba mi papá, desde las 6 de la mañana, para que nosotros podamos tener la casa, el auto, la “mejor educación”, los libros… cumpliendo prolijamente con su rol de obrero que se esfuerza para darle “lo mejor” a su familia, haciendo realidad el proyecto de un país creyente en el progreso que resulta de someter la Naturaleza a la voluntad del hombre. Así, nuestra “buena educación” nos pone a salvo de la barbarie. Que en nuestro país es Hilario y su gente, quienes con su presencia; con su contundente silencio de selva; niegan la validez de un discurso arrogante e irracional, poniendo en discusión la dimensión humana esgrimida por la Modernidad, con tanta franqueza que la única manera de no permitir la derrota es ensordeciendo a nuestros interlocutores con actos y gritos de violencia.
Las palabras muerden las letras, las mastican, pero no logran tragárselas… los pensamientos se agolpan y se atropellan en la cabeza, ideas desordenadas erupcionan derramándose en ríos de lava salvaje…
Recuesto la cabeza contra la pared y busco con la mirada, a través de la ventana, las estrellas silenciosas de la noche… me pregunto si no sería mejor que todos nos calláramos, y buscáramos nuevamente las respuestas en el silencio milenario del cielo estrellado, de la manta con agujeros de mi abuelo…

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